
Después de ocho décadas de trayectoria industrial en el país, la histórica fabricante de neumáticos Fate confirmó el cierre definitivo de sus operaciones, una decisión que impactará de lleno en 920 empleados y en toda su red de proveedores y distribuidores.
Mediante un comunicado, la compañía argumentó que la transformación del escenario económico y comercial la obliga a replantear su estrategia, en un contexto marcado por el crecimiento de las importaciones —principalmente desde China— y lo que calificó como profundas asimetrías en el comercio exterior.
La firma, perteneciente a la familia Madanes Quintanilla, informó que abonará las indemnizaciones correspondientes y cancelará los compromisos pendientes antes de cesar por completo su actividad. Además, avanzará con la liquidación del negocio y el cierre de su planta industrial ubicada en Virreyes, partido bonaerense de San Fernando.
Desde la empresa señalaron que los fabricantes locales compiten en desventaja frente a mercados que subsidian la producción destinada a la exportación hacia Argentina. “Mientras otros países incentivan a sus industrias, aquí debemos afrontar altos costos internos y derechos de exportación”, indicaron fuentes vinculadas a la compañía.
Fundada en 1940 bajo el nombre Fábrica Argentina de Telas Engomadas, la marca supo consolidarse como referente del sector, destacándose por su desarrollo tecnológico, la fabricación de neumáticos radiales y su presencia en mercados internacionales como Europa, Estados Unidos y América Latina.
El anuncio se produce en un contexto complejo para la industria. En 2024 la empresa ya había reducido personal y advertido sobre la presión impositiva, las restricciones cambiarias, los sobrecostos laborales y la conflictividad sindical. A esto se suma que, según datos recientes, cerca del 85% de los neumáticos que se comercializan actualmente en el país son importados.
Con la salida de Fate del mercado, solo dos grandes compañías continúan fabricando neumáticos en Argentina: la italiana Pirelli y la japonesa Bridgestone.
El cierre marca el final de una etapa para una de las marcas más emblemáticas de la industria nacional y abre interrogantes sobre el futuro del sector productivo frente al avance de las importaciones.